viernes, 27 de abril de 2018

Sí es problema nuestro cómo educas a tus hijos


No criamos a nuestros niños para vivir en una isla desierta, sino para formar parte de la sociedad (su sociedad) cuando sean adultos.

Existe una idea muy arraigada acerca de que la educación de los hijos es un asunto privado, que solo concierne a los padres, olvidando casi siempre que no les educamos para vivir en una isla desierta, sino para ser quienes tendrán la inevitable responsabilidad de formar parte de la sociedad (su sociedad) cuando sean adultos.

Educar es un compromiso de mucha responsabilidad  para con nuestros hijos. Un proceso en el que debemos  acompañar, estimular y guiar sus aprendizajes de forma que lleguen a convertirse en la mejor versión de sí mismos. Y también, para contribuir a formar parte de una sociedad más humana, más ética y más constructiva.

En un mundo irremediablemente egocéntrico, educado en criterios competitivos en vez de cooperativos, donde el hedonismo y el acaparatismo ocupan los primeros puestos en la escala de valores colectiva, se nos olvida o no queremos asumir que no basta con transmitir lo que tengo codificado por genética o por aprendizaje, sino que es imprescindible hacer un ejercicio de consciencia, de autocrítica, de revisión y de reeducación constante.

Cuando un niño o niña tiene teléfono móvil con nueve años, es problema de todos. Por más que algunos padres tratemos de no precipitar o exponer a nuestros hijos a estímulos que no les corresponden por edad, otros sí lo hacen y es cuando se convierte en un problema común.

Cuando también se les valida en casa el “ojo por ojo”, el “da tu primero”, el “si ves que están acosando a alguien no te metas”. Estamos contribuyendo a perpetuar una sociedad violenta que hace de la venganza y el resentimiento una herramienta válida y aceptada.

Cuando permites que tu hijo vea películas para adultos, que juegue a videojuegos que nada le aportan salvo basura, sin control de tiempo ni control,  cuando te burlas de alguien que sale en la tele o de tu vecino, cuando insultas a alguien en una conversación aparentemente trivial, cuando juzgas en voz alta a los otros, cuando en casa se pierde el respeto y las personas se agreden de una u otra manera, también es un problema de todos.

Cuando no controlas qué hace tu hijo con Internet, cuando permites que entre y forme parte de las redes sociales sin tener la edad adecuada para ello. Cuando no estás presente en su vida, cuando no dedicas una ínfima parte de tu tiempo a escuchar lo que tenga que decirte. Cuando has reducido tu tarea de educar a una especie de cuidador vespertino ocupado nada más que en la logística o en sus notas, también todas estas situaciones son un problema de todos.

Cuando le pegas una bofetada o una “inofensiva” colleja, cuando le levantas la voz, cuando le ofendes o le criticas, estás contribuyendo a perpetuar el maltrato. De verdad crees que él no hará lo mismo con quienes crea más débiles o inferiores. Y si es niña, ¿vas a preguntarte por qué se deja manipular o maltratar por otros niños? ¿O por qué ella misma se comporta así?

Cuando un niño acumula tanta frustración, tanta falta de respeto y de límites, una ausencia de contención y presencia, que haga que necesite vomitarlo en forma de maltrato a otros cuando llega al colegio, es también un problema de todos.

Y es un problema para todos porque aquellos padres que sí se ocupan de educar en el respeto, en la ética, en el buen trato, aquellos que sí están presentes en la vida de sus hijos y han hecho de su educación el compromiso más esencial de sus vidas; aquellos que se han esforzado en reeducarse para poder educar desde un lugar distinto, más amable y solidario

Y aquellos que han tenido el coraje de apostar por un modelo que sea parte de la solución y no del problema haciendo de la tarea educativa un “más difícil todavía” y que han apostado por cambiar una sociedad que conocen decadente y podrida, ellos  no se merecen ni necesitan encontrar más obstáculos cuando sus hijos salen al mundo, muchas veces convirtiéndose en las irónicas e injustas víctimas de quienes siguen educando en el “siempre se ha hecho así”.

“Son cosas de niños” dicen cuando un niño se queja y le duele porque otro le maltrató. “Es normal, toda la vida ha sido así”. Y tienen razón, son cosas de niños violentos y ofensivos que se convertirán en adultos violentos y ofensivos porque han interiorizado como buenos y normales los valores más podridos y arraigados de una sociedad que ha incorporado el maltrato como inherente a la naturaleza humana y han hecho del “sálvese quien pueda” su justificación.

No, tu hijo de nueve o 10 años no necesita un iPhone. Lo que necesita es tu insustituible presencia, nutrir su alma con montones de momentos compartidos y recibir un legado que no consiste en cosas, sino en la constatación de que fue y es un ser humano valorado, reconocido y amado y una escala de valores que solo podrás transmitir a través de tu ejemplo.

*Olga Carmona es psicóloga y experta en psicopatología de la infancia y la adolescencia.

lunes, 8 de enero de 2018

LOS NIÑOS NECESITAN SER FELICES, NO LOS MEJORES

Un artículo de Jennifer Delgado Suárez, psicóloga. 


Vivimos en una sociedad altamente competitiva en la que parece que nada es suficiente y tenemos la sensación de que si no nos ponemos las pilas, nos quedaremos rápidamente atrás, siendo barridos por los nuevos adelantos. 

Por eso, no es extraño que en las últimas décadas muchos padres hayan asumido un modelo de educación sustentado en la hiperpaternidad. Se trata de padres que desean que sus hijos estén preparados para la vida, pero no en el sentido más amplio del término sino en el más restringido: quieren que sus hijos tengan los conocimientos y las habilidades necesarias para hacerse de una buena profesión, obtener un buen trabajo y ganar lo suficiente.

Estos padres se han planteado una meta: quieren que sus hijos sean los mejores. Para lograrlo, no dudan en apuntarles en miles de actividades extraescolares, allanarles el camino hasta límites inverosímiles y, por supuesto, empujarles al éxito a cualquier costo. Y lo peor de todo es que creen que lo hacen "por su bien".

El principal problema de este modelo educativo es que añade una presión innecesaria sobre los pequeños, una presión que termina arrebatándoles su infancia y crea a adultos emocionalmente rotos.

LOS PELIGROS DE EMPUJAR A LOS NIÑOS AL ÉXITO

Bajo presión, la mayoría de los niños son obedientes y pueden llegar a alcanzar los resultados que sus padres les piden pero, a la larga, de esta forma solo se consigue limitar su pensamiento autónomo y las habilidades que le pueden conducir al éxito real. Si no le damos espacio y libertad para encontrar su propio camino porque le colmamos de expectativas, el niño no podrá tomar sus propias decisiones, experimentar y desarrollar su identidad.

Por eso, pretender que los niños sean los mejores encierra graves peligros:

Genera una presión innecesaria que les arrebata su infancia. La infancia es un período de aprendizaje, pero también de alegría y diversión. Los niños deben aprender de manera divertida, deben equivocarse, perder el tiempo, dejar volar su imaginación y pasar tiempo con otros niños. Esperar que los niños sean “los mejores” en determinado campo, poniendo sobre ellos expectativas demasiado elevadas, solo hará que sus frágiles rodillas se dobleguen ante el peso de una presión que no necesitan. Esta forma de educar termina arrebatándoles su infancia.

Provoca una pérdida de la motivación intrínseca y el placer. Cuando los padres se centran más en los resultados que en el esfuerzo, el niño perderá la motivación intrínseca porque comprenderá que cuenta más el resultado que el camino que ha seguido. Por tanto, aumentan las probabilidades de que cometa fraude en el colegio, por ejemplo, ya que no es tan importante lo que aprenda como la nota que consiga. De la misma manera, al centrarse en los resultados, pierde el interés por el camino, y deja de disfrutarlo.

Planta la semilla del miedo al fracaso. El miedo al fracaso es una de las sensaciones más limitantes que podemos experimentar. Y esta sensación está íntimamente vinculada con la concepción que tengamos sobre el éxito. Por tanto, empujar a los niños desde temprano al éxito a menudo solo sirve para plantar en ellos la semilla del 
miedo al fracaso. Como consecuencia, es probable que estos pequeños no se conviertan en adultos independientes y emprendedores, como quieren sus padres, sino que sean personas que apuesten por lo seguro y acepten la mediocridad solo porque tienen miedo a fracasar.

Genera una pérdida de autoestima. Muchas de las personas más exitosas, profesionalmente hablando, no son seguras de sí. De hecho, muchas supermodelos, por ejemplo, han confesado que creen que son feas o están gordas, cuando en realidad son iconos de belleza. Esto sucede porque el nivel de perfeccionismo al que siempre han estado sometidas les hace creer que nunca será suficiente y que basta el más mínimo error para que los demás las desprecien. Los niños que crecen con esta idea se convierten en adultos inseguros, con una baja autoestima, que creen que no son lo suficientemente buenos como para ser amados. Como resultado, viven pendientes de las opiniones de los demás.

¿QUÉ DEBE SABER REALMENTE UN NIÑO?

Los niños no necesitan ser los mejores, solo necesitan ser felices. Por eso, solo debes cerciorarte de que tu hijo sepa:

- Que es amado, de forma incondicional y en todo momento, sin importar los errores que cometa.

- Que está a salvo, que le protegerás y apoyarás siempre que puedas.

- Que puede hacer el tonto, perder el tiempo fantaseando y jugar con sus amigos.

- Que puede elegir lo que más le gusta y dedicarse a esa pasión, sin importar de qué se trate.
 
 - Que puede pasar su tiempo libre haciendo collares de flores o pintando gatos con seis patas si es lo que le apetece, en vez de practicar la fonética o el cálculo.

- Que es una persona especial y maravillosa, al igual que muchas otras personas en el mundo.

- Que merece respeto y que debe respetar los derechos de los demás.

¿Y QUÉ NO DEBEN OLVIDAR LOS PADRES?

También es fundamental que los padres sepan:

- Que cada niño aprende a su propio ritmo, y que no deben confundir la estimulación que desarrolla con la presión que agobia.

- Que el factor que más influye en el rendimiento académico infantil es que los padres les lean a sus hijos, que les dediquen un rato cada noche para cultivar juntos esa pasión por la lectura, no las escuelas carísimas o los juguetes hipertecnológicos.

- Que el niño que mejores calificaciones saca casi nunca es el pequeño más feliz porque la felicidad no se mide en esos términos.

- Que los niños no necesitan más juguetes sino una vida más sencilla y despreocupada, así como más tiempo con los padres.

- Que los niños merecen la libertad para explorar todo y decidir por ellos mismos que les gusta y les hace felices.

 

·         Fuente: rinconpsicologia.com

                                                                                                                     Mª Ángeles González López

Profesora de Pedagogía Terapéutica

 EL EQUIPO DE ATENCIÓN A LA DIVERSIDAD OS DESEA A TODA LA COMUNIDAD EDUCATIVA  UN  FELIZ 2018


Resultado de imagen de IMAGENES DE BIENVENIDA AL 2018 RELACIONADAS CON LA EDUCACIÓN

jueves, 22 de junio de 2017

UN ARTÍCULO DE CÉSAR BONA PRECIOSO SOBRE… “SE ACABÓ EL CURSO”

¡ CUÁNTO NOS HAN REGALADO !

Llegan los días de despedidas, de final de curso, y un cúmulo de emociones nos sobrecoge.

Uno tiene esa sensación extraña, una mezcla de “no los voy a perder nunca, aunque no estemos juntos”, “qué rápido crecen” y “podía haber hecho más por ellos”. Cuando llegan estas fechas uno se pregunta si ha dado todo lo que podía dar. Uno se pregunta si realmente habrán aprendido muchas cosas y cuánto les durarán esos datos en la cabeza, o cuánto habrán podido compartir de todo lo que llevan dentro. Uno se pregunta si habrá llegado a conocer a esos chicos y chicas que han pasado por nuestra vida, y cuando uno se queda solo en el aula, cuando todos se han ido a sus casas, se da cuenta de que somos nosotros los que pasamos por sus vidas, y te haces pequeño al pensar cuánto tienen todavía por vivir.

Esas tareas tan bonitas de nosotros, los maestros: estimular la curiosidad, el motor que hace que deseemos aprender tantas cosas en la vida; lograr mantener la ilusión de los niños intacta cuando salgan de la escuela; invitarles a participar en la sociedad y mejorar el mundo en el que viven; ayudar a las familias a educar a sus hijos e hijas… Ninguna profesión hay más bonita que ésta. Y tenemos mucho que mejorar, tenemos mucho que aprender, pero con esa idea caminaremos siempre.

Un curso, un año más ha pasado. Y muchas historias maravillosas han sucedido en nuestras aulas. Los niños son el centro, ellos y no nosotros, y no el currículum. Que somos una parte de su vida, y todos los conceptos que aprendan les servirán y ampliarán su visión sobre el mundo, pero toda la confianza que les demos, todo el amor que pongamos sobre ellos les acompañará siempre.

¿Y qué nos han enseñado ellos, que han pasado tantos días con nosotros?
Con pequeños gestos, pequeños detalles, aunque no nos diéramos cuenta nos enseñaban a exprimir los momentos y saborearlos; a mirar lo que nos rodea con esa curiosidad infantil, ingenua a veces; a encontrar la magia en la sencillez de las pequeñas cosas… Si ponemos en la balanza lo que ellos nos han dado y lo que nosotros les hemos ofrecido, no es poca cosa lo que los niños y niñas nos han regalado cada día, ¿verdad?
“¿No conocen la lluvia? ¡Es ésto! ¡Es ésto!”


¡FELIZ VERANO A TOD@S!

jueves, 30 de marzo de 2017

RETRASO MADURATIVO

¿Qué se entiende por el término RETRASO MADURATIVO?

El retraso madurativo es el diagnóstico que muchos niños y niñas reciben de orientadores, pediatras, psicólogos y otros especialistas antes de los seis años. En este artículo vamos a explicar en qué consiste y algunas pautas de intervención que como familias, podéis seguir. 
Efectivamente el retraso madurativo (RM) es un diagnóstico inicial que muchos niños de 2 a 6 años reciben. Sin embargo, lo cierto es que se trata de una denominación muy difusa que en realidad aporta poca información.
Retraso madurativo: término diagnóstico
El retraso madurativo  no es un término diagnóstico reconocido por los manuales más importantes de diagnóstico de los trastornos mentales infantiles, por el ejemplo el de la Asociación Americana de Psiquiatría, el DSM, al menos hasta su cuarta edición revisada.
Muchos especialistas lo emplean como un término comodín, cuando se detectan dificultades importantes, pero no se termina de saber a qué corresponde exactamente. En muchos casos, se trata de un primer acercamiento a diagnósticos que más tarde se convierten en capacidad intelectual límite o retraso mental ( pero no siempre es así)
Características del retraso madurativo
Para poder hablar de retraso madurativo  tendrían que darse las siguientes características:
1. Retraso cronológico
En primer lugar, nos encontramos con un patrón de desarrollo que cronológicamente está retrasado respecto al curso de la mayoría de los niños. Este retraso se suele cuantificar entre uno y dos años.
Podemos decir que se trata de un niño o niña, que en algunas áreas de su desarrollo, lleva un desarrollo como los demás niños, pero uno o dos años retrasado.
El desarrollo es más lento, pero  la línea que sigue es la misma que la del desarrollo normalizado.
2. Afecta a varias áreas del desarrollo
Para poder hablar de retraso madurativo tienen que estar afectadas varias áreas del desarrollo. Las áreas del desarrollo que pueden estar afectadas son: motricidad, lenguaje, autonomía personal, control de esfínteres, desarrollo cognitivo, etc.
Tiene que haber varias áreas, dos o tres, al menos. Si solo hay un área afectada hablaríamos más bien de un retraso en ese área. Por ejemplo, si solo está afectado el lenguaje, hablaríamos de retraso del lenguaje; si solo estuviera afectada la motricidad, se hablaría de retraso motor,etc.
Causas del retraso madurativo
El retraso madurativo puede tener diferentes causas; las más frecuentes suelen ser:
1. Prematuridad o bajo peso al nacer
En algunos casos hay unas circunstancias alrededor del embarazo y del parto que hacen que el proceso madurativo sea más lento o parta con retraso. Por ejemplo, es el caso de los niños y niñas prematuros o con bajo peso al nacer.
2. Falta de estimulación
En otros casos, el retraso madurativo está asociado a una pobre estimulación. Por ejemplo, un niño o niña que no recibe una adecuada estimulación del lenguaje, simplemente por otitis muy frecuentes, puede presentar un retraso en el lenguaje. O un niño o niña puede tener un retraso psicomotor por no disponer de oportunidades de caminar, jugar, subir y bajar…
3. Actitudes de crianza
En otros casos, algunos hábitos como el control de esfínteres o la adquisición de hábitos de autonomía personal  (comer, vestirse…) están retrasados por actitudes de crianza inadecuadas.
4. Causa desconocida
Y un gran grupo de niños, tienen un ritmo de maduración más lento por razones que no siempre se pueden explicar.
Diferencia con otros trastornos infantiles
El retraso madurativo es diferente a otros trastornos infantiles. Por ejemplo, es diferente a los trastornos del espectro autista o trastornos generalizados del desarrollo, o a los trastornos específicos del lenguaje o disfasias.
La diferencia principal con estos trastornos está en que, mientras en el retraso madurativo hay un retraso cronológico, pero que sigue la pauta normalizada de desarrollo, en los trastornos mencionados lo que ocurre es una  desviación del patrón normalizado de desarrollo.
Un niño con disfasia o trastorno específico del lenguaje, presenta un problema de comunicación y lenguaje que supone una desviación del curso normal de desarrollo: no es un niño con un desarrollo del lenguaje como si tuviera uno o dos años menos, sino que su lenguaje lleva un curso totalmente diferente. Lo mismo ocurre con los trastornos del espectro autista.
Pronóstico
El retraso madurativo propiamente dicho evoluciona positivamente y el niño o la niña suele desarrollarse y madurar a niveles similares al del resto de niños y niñas normalizados, cuando se dan las condiciones adecuadas.
Sin embargo, en muchas ocasiones, el retraso madurativo se emite como un primer diagnóstico con carácter provisional, ya que en edades tempranas es muy complejo diferenciar entre distintos trastornos infantiles. En estos casos, el retraso madurativo termina en un diagnóstico más específico como el de retraso mental o capacidad intelectual límite, trastorno del espectro autista, etc. 
Pautas de intervención educativa
El retraso madurativo tiene un tratamiento principalmente educativo y rehabilitador. El espacio de esta entrada es insuficiente para poder el explicar todos los aspectos de la intervención educativa que se podrían desarrollar con los niños que presentan este diagnóstico. Sin embargo, les ofrezco algunas pautas a seguir:
1º. Realizar una evaluación
Cuando hay sospechas de que algo parece no marchar bien en algún aspecto del desarrollo de nuestro hijo, especialmente el lenguaje, la motricidad, la interacción con los padres… es conveniente acudir a un especialista para que realice una evaluación.
También es importante considerar las observaciones que nos digan los profesionales de las escuelas infantiles o del colegio. Ellos conocen bien lo que suele ser la pauta habitual de desarrollo y detectan con mucha fiabilidad cuando hay algún problema.
En los niños que todavía no han comenzado el 2º Ciclo de Infantil, tres años o menos, el pediatra y sobre todo los Centros Base de Bienestar Social, son los mejores especialistas a los que acudir para esta valoración inicial.
En el caso de los niños que ya han comenzado Educación Infantil 3 años, los orientadores son los profesionales más indicados.
2. Comenzar la estimulación
La estimulación de niños con posible retraso madurativo puede comenzar, simplemente con la sospecha, aunque no haya un diagnóstico definitivo. La estimulación se lleva a cabo en las áreas afectadas, lenguaje, motricidad, autonomía… y será más efectiva, cuanto más incida en el núcleo del problema.
Existen centros de estimulación infantil como los CDIAT, Centros de Desarrollo Infantil y Atención Temprana, y en los colegios existen diferentes profesionales que pueden realizar esta estimulación. En otros casos, pueden ser los mismos padres los que realicen esta labor, convenientemente asesorados.
Desconfíen de consejos del tipo: “vamos a esperar a ver si madura. Es preferible realizar una estimulación “preventiva”, que perder el tiempo esperando; porque si luego no ha madurado, desperdiciamos un tiempo privilegiado de mejora.
3. Revisiones periódicas del diagnóstico inicial
Como ya he indicado el diagnóstico de retraso madurativo suele ser en unos casos un diagnóstico inicial con carácter provisional. Es conveniente revisarlo, no solo para ver la posible evolución y afinar la intervención educativa, sino también para establecer el diagnóstico definitivo y más acertado de las dificultades de un niño.
En síntesis, se ha  pretendido exponer en esta entrada una serie de ideas clave sobre el Retraso Madurativo. Espero que sea de utilidad para un primer conocimiento de este término que tanto se utiliza en la etapa de la educación infantil.